La prensa dice

20 feb
2007

El maestro Juan Martínez, que estaba allí

MANUEL Chaves Nogales, sevillano, escribió algunos de los mejores libros del reporterismo español del siglo XX. Uno de esos libros es El maestro Juan Martínez que estaba allí (recién reeditado por los Libros del Asteroide), en el que se cuentan las aventuras de un bailarín flamenco, el maestro Juan Martínez, que vivió la Revolución Rusa y los años terribles de la guerra civil entre el Ejército Rojo y el Ejército Blanco. Según cuenta Chaves Nogales, el bailarín coincidió en un circo de Kiev, hacia 1920, con el payaso Bim-Bom. éste salía a la pista con un saco a la espalda, y se ponía a dar vueltas hasta que metía la mano en el saco y empezaba a sacar papeles arrugados. «¿Qué son esos papeles?», le preguntaba el payaso tonto. «La demostración palpable de cuánto ha progresado nuestro país», contestaba Bim-Bom. Y entonces describía los papeles que iba sacando del saco: un bono de la cooperativa, una licencia del comité de fábrica, un carnet del sindicato y un permiso de la autoridad militar. «¿Y para qué sirve todo esto?», le preguntaba el payaso tonto. «Ah, todo esto sirve para que, si tienes un poco de suerte, llegues a conseguir alguna vez ¡nada menos que esto!». Y el clown Bim-Bom sacaba entonces un pedazo de pan negro. El público le aplaudía mucho, pero al payaso Bim-Bom lo metieron en la cárcel. Salvando todas las distancias, nuestro nuevo Estatuto de Autonomía se parece al saco del payaso Bim-Bom. Es cierto que del saco no va a salir un pedazo de pan negro, pero no es menos cierto que su contenido se queda en palabras y más palabras. Todas bellas, por supuesto, pero casi todas difíciles de entender y redactadas de forma más bien embarullada. Supongo que eso explica el desinterés y la pasividad de mucha gente que se quedó el domingo en su casa en vez de ir a votar. Y eso que hubo más de sesenta mil andaluces que se tomaron la molestia de votar en blanco, demostrando una envidiable libertad de pensamiento.Nuestra clase política ha malgastado dos años de su tiempo en un Estatuto que no ha interesado más que a los que están convencidos de todo cuanto dicen los partidos políticos. ¿Ha valido la pena tanto derroche? ¿No habría sido mejor actuar con el mismo consenso, pero gobernando de verdad? Ya sabemos que es muy entretenido redactar un gran tratado de arquitectura política, pero lo que la gente quiere es que alguien se ponga el mono de trabajo y empiece a desatascar las cañerías y a tapar las manchas de humedad. Los votantes lo dijeron muy claro el domingo pasado. Puede que hubiera seguridad en el triunfo, pero también hubo cansancio y enfado. Y encima, sin un Bim-Bom que se riera del tinglado propagandístico. Por cierto, ¿alguien vio votar a Andy & Lucas?
Diario de Sevilla