La prensa dice

5 sep
2008

El hombre perro, por Marc Charles

Una pequeña editorial, Libros del Asteroide, está rescatando para el lector una serie de obras que permanecían inéditas en nuestro país. ’El hombre perro’ del israelí Yoram Kaniuk es una de ellas. Y es una de las más bellas novelas sobre el Holocausto jamás escritas.

La novela nos sitúa en un psiquiátrico en mitad del desierto del Néguev que acoge supervivientes de los campos de exterminio nazi. Nuestro protagonista es Adan Stein, un famoso payaso judío que sobrevive a los campos de concentración gracias al comandante Klein (pequeño), quien le reconoce y le mantiene con vida a cambio de que sea su perro y entretenga a los prisioneros cuando éstos estén de camino a las cámaras de gas. Durante el encierro, Stein divertirá a su esposa y a su hija, camino de las duchas. Después, enloquecerá. Víctima de la «civilización europea en su apogeo», Adan desafiará a las autoridades del hospital, al tiempo que luchará por comprender un mundo en el que la frágil línea que separa la cordura de la locura ha desaparecido.

Kaniuk, a lo largo de su novela, da voz a ese reguero de muerte procedente de Europa que llegó a Israel tras sobrevivir al infierno nazi. El exterminio de un pueblo a ritmo de cadena de montaje. Para darles voz, Kaniuk da a su personaje el nombre de Adan, el primer hombre que pobló la Tierra y que en hebreo significa hombre. Y este ser que encarna para Kaniuk la humanidad entera huye, en su locura, del victimismo y pone en suspenso la existencia de un Dios del pueblo judío, una divinidad que miró a otro lado mientras a sus hijos, los elegidos por él, eran exterminados en el corazón de Europa. Stein es un superviviente que lucha por comprender el sentido de este mundo en el que vive. Un carismático líder en el mundo de locos en el que se sitúa la acción de la novela. Un charlatán que embauca tanto a pacientes como a doctores. Un enfermo que seduce a bellas enfermeras de mármol y que ladra su humanidad desde los rincones del centro en el que está recluido.

Como un moderno Don Quijote, el loco Stein arrastrará en su camino a la redención a la gélida y hermosa enfermera Gina, su particular Dulcinea, a las iluminadas hermanas Schwester, que esperan en vano el nuevo advenimiento del Señor, y, por último, al poético Doctor Gross (grande), un humanista que adora las charlas filosóficas con su paciente, su reverso al otro lado del espejo de la cordura. Stein tocará con Miles Davis reencarnado y Arthur, el general exterminador, el portador de la llama purificadora, que intentará salvar las almas de los que ama echándolos al fuego. Y sanará con el también renacido David, rey de Israel, el niño perro, al que amará con toda su locura pese al odio que habita en sus entrañas. Será este amor entre los dos, dos desechos humanos, dos hombres perro, la curación para estos dos desahuciados, de los que nadie, ni doctores ni enfermos, esperan una mínima recuperación.

Amor por la humanidad, amor en la locura, amor después del terror del Holocausto, amor en la trastienda de una Israel que ansiaba héroes y no derrotados procedentes del exterminio en Europa. Son numerosas, a lo largo del libro, las enumeraciones de reyes y antiguos patriarcas del pueblo judío, largas listas de presuntos héroes que palidecen ante estos locos supervivientes, los vivos que deben levantar a un Israel en permanente estado de Guerra.

Excelente novela sobre el Holocausto escrita por un ex soldado, nacido en Tel Aviv, que participó en la guerra de la Independencia formando parte del Palmaj, unidad de élite del ejército hebreo, aunque pronto cayó herido y no quiso jamás formar parte de la vida militar. Criado en la cultura sionista que abogaba por la creación de un estado israelí en territorio palestino, Kaniuk se exilió en Francia y después en Estados Unidos, donde se casó con una bailarina y donde se empapó de jazz y, es de suponer, de los movimientos artísticos de la época.

El hombre perro, escrito en 1968, baila a ritmo sincopado y exuda benzedrina y alucinógenos en todos y cada uno de sus párrafos. Kaniuk, imbuido de bebop y hermanado con la generación beat, emprende un viaje al centro de la locura, al centro mismo de lo humano, donde fluyen los pensamientos anárquicamente y la lucidez se deja entrever en breves destellos inconexos, aleatoriamente ordenados. Una prosa que apela al subconsciente que se adentra en la locura para extraer humanidad en cada una de sus frases. No es una lectura fácil la de Kaniuk, excelentemente traducida por Raquel García Lozano.

Una torrente en prosa sostenido en una horrorosa imagen, un padre arrancando una sonrisa a una de sus hijas y a su esposa mientras están camino de las duchas para ser gaseadas. Una novela que escribe sobre el Holocausto con humor, un humor extremadamente cercano al horror, que congela la sonrisa en los labios, y que tardó años en ser comprendido. La novela fue ignorada y Kaniuk, pese a ser uno de los grandes escritores hebreos junto a Amos Oz y David Grossman, tuvo que escribir literatura infantil durante años para sobrevivir. Por suerte, la crítica y el público se volcó con la novela a principios de los ochenta después de una exitosa adaptación teatral. Paul Schrader, guionista de Taxi Driver y Toro Salvaje y director de la sublime Aflicción y American Gigoló, acaba de ultimar estos días la adaptación cinematográfica de la novela de Kaniuk, en la que trabajan Jeff Goldblum y William Dafoe. Una razón de más para leer esta magnífica novela, un nuevo descubrimiento para el lector, gentileza de Libros del Asteroide.

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