La prensa dice

24 nov
2006

El hombre deshabitado, por Manuel Arranz

Empecemos por el principio, el prólogo de Lobo Antunes, no Antonio sino Joao, su hermano, neurocirujano, por cierto como su padre, también se llama como él, y también escritor. Ejemplar. No se me ocurre otra palabra para calificarlo. El propio Cardoso Pires se lo pidió, y sin duda sabía lo que hacía. Sólo alguien que entiende de literatura, de neurocirugía, y de amistad, puede escribir unas páginas así. Y a continuación, precedido por una cita: «Cuando perdiste el sueño y la certeza, te volviste desorden, te volviste nube», que no es otra cosa que el epitafio que Simónides de Ceo escribió para los caídos en las Termópilas, viene el insólito texto que José Cardoso Pires escribiera después de recuperarse milagrosamente de una isquemia cerebral.

He escrito insólito porque es un texto que no se puede comparar a nada, precisamente por las razones que alude Lobo Antunes en su prólogo. En primer lugar, porque son infrecuentes las recuperaciones, en todos los sentidos del término, de una isquemia cerebral, y tampoco los afectados las suelen relatar. Y en segundo lugar porque el «hombre corriente», como se denomina a sí mismo, a quien ocurrió aquel accidente, fue José Cardoso Pires, uno de los mayores escritores portugueses de siglo XX. «No he pretendido ni podría pretender transmitir una experiencia tan compleja», dice él mismo en la última página del libro.

Naturalmente, lo que Cardoso Pires ha pretendido, lo que le interesaba relatar, y a nosotros leer, no eran los pormenores de una enfermedad, que fascina con razón al clínico y han sido ya descritos hasta en sus menores detalles, sino la luz que esa enfermedad, y por supuesto muchas otras, pero ésta especialmente como veremos, arroja sobre la vida de todos nosotros. La luz, es decir, la recuperación de la memoria y la identidad contada sin falso dramatismo y con naturalidad, contada para no olvidarla porque, como dijera Isak Dinesen, «todas las penas pueden ser soportadas si las conviertes en una narración o narras una historia de las mismas». Una historia contada posiblemente con «errores, imprecisiones, y prejuicios», pero no sólo no importa demasiado sino que es preferible que así sea, pues esos errores, imprecisiones y prejuicios son nuestro particular punto de vista, nuestras ideas sobre las cosas, y nuestras ideas suelen ser siempre verdad, aunque estén equivocadas.

Cuando se pierde la memoria, como le ocurrió a Cardoso Pires, «se desvanece el presente (...) se pierde la vida anterior... y la interior,claro está, porque sin referencias del pasado, mueren los afectos y los lazos sentimentales...», frase, como tantas otras de este pequeño libro, que da qué pensar, y no sólo en nuestras vidas, sino en nuestro desmemoriado mundo de hoy. Algo más adelante leemos otra, también reveladora: «...La desmemoria no sólo lo aisló de la realidad objetiva, sino que, además, lo privó, podríamos decir, de sentimientos. Perdió los estímulos de aproximación, porque, sin la conciencia de la identidad que nos sitúa y nos define en un framework de experiencias y valores, nadie puede ser sensible al valor humano del prójimo». «Ser sensible al valor humano del prójimo», dice Cardoso, ese parece ser el síntoma indudable de buena salud. Buena salud moral al menos. Y otro síntoma, como se deduce de este, a pesar de todo, hermoso texto, consiste en no perder la memoria. Aunque a lo mejor esto más que un síntoma es su condición. Cardoso Pires escribió un libro que nunca hubiera pensado en escribir, fue uno de sus últimos libros, pues cuatro años después sufriría otro ataque del que ya no se recuperaría. Ya sé que no hay libros necesarios, y que si los hubiera seguramente no los habríamos leído. Pero yo les aconsejaría que leyeran éste de Cardoso Pires. Puede que no sea un libro necesario, pero tengo la impresión de que ésta es la clase de libros que necesitamos hoy. Libros rotundos, dignos, inteligentes, generosos, de una sinceridad casi obscena, en definitiva, la clase de literatura que, como la memoria, necesitamos recuperar cuanto antes.

Posdanta (Levante)