La prensa dice

"El dinero en The New Yorker" en La Nueva España

El dinero y cómo tomárselo a broma

Por Luis M. Alonso

[Para leer la reseña en La Nueva España, descárgate el pdf adjunto.]

De la Gran Depresión de los veinte a las recesiones actuales, nueve décadas de viñetas humorísticas sobre el mundo de las finanzas en «The New Yorker»

Malcolm Gladwell es, para quienes no estén familiarizados con su nombre, un escritor canadiense, periodista y crítico cultural de «The New Yorker», autor de perspicaces libros como «Inteligencia intuitiva» (2005) o «Fueras de serie» (2008). En «Lo que vio el perro», otra de sus publicaciones, también traducida al español, recoge algunos de los ensayos reportajes más interesantes que en su día aparecieron en las páginas de la revista neoyorquina.

La primera pregunta que se hace Gladwell en el prólogo de «El dinero en The New Yorker. La economía en viñetas», edición de Robert Mankoff, editado por Libros del Asteroide, es qué diantres le pasa a la publicación donde trabaja cuando piensa en el dinero. La respuesta inmediata, añade, es bromear sobre ello. Lleva razón cuando escribe que ninguno de los estiradamente cultos escritores del «New Yorker» se ve reflejado en el tipo que se desgañita en mitad de una fiesta voceando cómo se forró en el otoño de 2007. «No estábamos invitados. Estábamos en casa releyendo “Middlemarch”», la novela realista compuesta por ocho libros que escribió George Eliot sobre la vida provinciana en un pueblo de las Midlands y que algunos, desde Virginia Wolff, consideran una de las cumbres literarias en lengua inglesa de todo los tiempos. «Middlemarch», of course.

Sin embargo, pese a ese desapego por las cuestiones monetarias, el «New Yorker» no ha perdido ocasión de dedicarle ríos de tinta al dinero y sus constantes fluctuaciones. También a las conmociones que produce desde la Depresión en la década de los veinte a las actuales recesiones económicas. Quienes han leído ocasionalmente o acostumbran a leer las páginas de «The New Yorker» han podido sonreír, eso sí, guardando las debidas distancias, con un banquero tirándose del puente de Brooklyn o el director de cualquier entidad financiera arrojándose del piso más alto de un edificio bajo la mirada atenta de otros dos tiburones que sacan en conclusión: si Prescott se suicida es porque sabe algo que ellos desconocen. Otra de las preguntas que Malcolm Gladwell se hace es precisamente por qué, siendo algo tan trágico, el suicidio ha podido convertirse en uno de los elementos más cultivados por el afamado humor gráfico de la revista donde escribe. La representación cómica del hombre que se arroja al vacío como consecuencia de que los valores bajan estrepitosamente no tiene nada que ver con la malicia, ni con alegrarse del dolor ajeno. «El suicidio es romántico», concluye Gladwell, «y el romántico se ríe antes que nada de sí mismo por ver una tragedia personal en el comportamiento del mercado y, mientras cae al vacío, se ríe también del realista por no ser capaz de verla».

Algunos, los realistas, pensarán que la cosa no es para tomársela a broma. Sin embargo, hay quienes piensan, como es el caso de Gladwell, que el realista puede quedarse con su château y sus lágrimas. Los románticos siempre preferirán la risa o, en último extremo, se conformarán con unas carcajadas.

Más de un centenar de viñetistas reunidos en una crónica ilustrada sobre el dinero y sus padecimientos

«El dinero en The New Yorker» es un libro para disfrutar de depresiones y recesiones. Incluye viñetas de más de un centenar de dibujantes, clasificadas, según su publicación, por décadas, desde los veinte (roaring twenties) a los tiempos de hoy. Con un denominador común: las cosas en cuestión de dinero no pueden ir peor. Al mismo tiempo que hemos asistido a un derrumbe financiero de dimensionesmonumentales, se nos ha brindado una vez más la oportunidad de seguir la historia gracias a quienes han elegido contarla antes que vivirla. En crónicas inolvidables sobre la perversión del sistema o dibujándola en viñetas, del modo que lo han hecho los humoristas de la publicación neoyorquina que nos ocupa. Legendarios dibujantes habituales de la revista a lo largo de su historia como Alan Dunn, Joseph Farris, Charles Adams, George Booth, Ed Fisher,Alain,William Hamilton, Tom Cheney, Robert Weber o Christopher Weyant dejan su huella en las 257 páginas del libro editado por Mankoff, ya en España. Búsquenlos. De momento, ahí va una de viñetas como adelanto de esta historia ilustrada sobre el dinero y sus padecimientos a través de los años.

La Nueva España