La prensa dice

23 mar
2011

Crítica de "Un matrimonio feliz" en el Periódico

En el centro, la vida

Por Enrique De Hériz

El libro de la semana

Tres semanas de amor, tres semanas de muerte, un año de traición y un año de reconquista: una novela autobiográfica en la que la vida justifica el género novelesco. Esto es ‘Un matrimonio feliz’, donde el estadounidense Rafael Yglesias usa el subterfugio de un narrador ficticio para realizar una directa, intensa, elegante, ocurrente y honesta transposición narrativa de su vida y la de su mujer.

El lector que ignore quién es Rafael Yglesias (Nueva York, 1954), poco después de adentrarse en esta historia empezará a echar miradas de suspicacia a las solapas del libro en busca de información biográfica. Un matrimonio feliz es claramente una novela, pero huele a vida por todas partes. Está construida con elementos temáticos y estructurales propios de la convención novelesca: grandes amores y desamores, aspiraciones literarias, flashbacks, reflexiones filosóficas al final de cada capítulo.

Pero los detalles que dan vida a esa construcción son precisamente de la clase que los novelistas (salvo algún genio como William Styron) no se atreven a usar: el detalle nimio de la vida, los pormenores de una discusión con un amigo, una frase sin más trascendencia que la que tuvo en el momento de ser dicha, sucesos que no necesitan aportar nada a la trama general para ganarse un sitio en la novela. Como en la vida.

EL PRINCIPIO Y EL FINAL / Ese lector suspicaz al que aludíamos encontraría con facilidad entrevistas en las que Yglesias da la clave obvia con toda franqueza: su libro es una novela y él necesitó acogerse al subterfugio de un narrador ficticio que se parece mucho a él (pero no es él), precisamente porque se trata de la historia de su matrimonio y, por extensión, de su vida. ¿Feliz? Él sabrá, pero la transposición literaria, la novelización, por así llamarla, es magnífica: directa, intensa, elegante, ocurrente y tan honesta como para que se le perdonen algunos pequeños desequilibrios internos.

Se nos narran dos extremos de una relación de pareja. El más cercano en el tiempo nos presenta las últimas semanas de vida de Margaret, la esposa con un cáncer terminal. Y nos lleva de la mano, con intensidad y elegancia, por los detalles finales que deben cumplirse para que alguien pueda despedirse de la vida. Paralelamente, y en capítulos alternos, somos testigos del otro extremo: el principio de la relación. Resulta ser la estructura exacta que necesitaba un edificio que aspira a ser grande como la vida. Porque permite al narrador llevarnos a su voluntad de la ingenuidad al dolor, de la pasión juvenil a la aceptación de la muerte. Y, sobre todo, porque el ejército de las palabras, con esta maniobra de pinza militar, va estrechando el cerco desde ambos lados hasta acorralar, en el centro, la vida.

Un matrimonio feliz debería estudiarse en los talleres literarios en que se suele insistir en los conceptos teóricos de trama, punto de giro, desenlace, etcétera. Porque Yglesias ha manejado la información de tal manera que acaba pareciéndonos que la vida solo pueda contarse así, con forma clásica de gran historia novelada.

DE LA LITERATURA AL CINE / Yglesias, digámoslo para quien quiera ahorrarse el esfuerzo de búsqueda, abandonó la educación secundaria para escribir y publicar su primera novela a los 17 años. A los 21, había publicado otras dos, todas con buen reconocimiento crítico. Luego pasó casi diez concentrado en tareas familiares y en escribir guiones de cine, iniciando una especie de vaivén que parece llevarlo a dedicar etapas completas a la literatura, seguidas de otras centradas en el cine. Sus novelas más celebradas son Sin miedo a la vida (Fearless, llevada luego al cine con guión suyo y dirigida por Peter Weir) y Dr. Neruda’s cure for evil . Entre sus guiones, las adaptaciones de La muerte y la doncella (para Polanski), y de Los miserables (para Billie August).

El Periódico

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