La prensa dice

5 ago
2006

Aterrizaje forzoso, por Moncho Alpuente

El miedo, el vodka y el té forman parte esencial de la existencia rusa, escribe Horacio Vázquez Rialen el prólogo de este libro de Vladímir Voinóvich (Tayikistán 1932), obra maestra inscrita en la magistral corriente satírica que fluye en la literatura rusa como contrapunto de la gran veta trágica de Tolstói o Dostoievski. El antihéroe Chonkin, el más prescindible de los soldados del Ejército Rojo, es destinado a una misión absurda en un rincón perdido de la URSS en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Como el bravo soldado Schweik, del checo Hásek, Chonkin es un palurdo curtido en la gramática parda,que ha incorporado la filosofía del recluta, la teoría del «escaqueo»,hacerse invisible dentro de la maquinaria tuerta, cuando no ciega, de la institución militar.

Sin la malicia de su colega checo,el soldado soviético guarda también parentesco con Sancho Panza,un Sancho, escudero, que no sirve a un hidalgo ingenioso y demente sino a un poderosísimo y malvado gigante, Stalin, al que obedece a ciegas un inmenso ejército de aterrorizados y sumisos enanos. «Soldado que duerme, trabajo que avanza» y «No te apresures a cumplir orden alguna, que podrían cambiarla» son los preceptos que guían la vida militar del buen Chonkin cuando es enviado a montar guardia, hasta nueva orden, junto a un avión del Ejército inutilizado tras un aterrizaje forzoso junto a una remota aldea en los confines del imperio soviético. En la red tejida por la burocracia estalinista caben los agujeros y Chonkin acaba de escabullirse sin darse cuenta por uno de ellos, el escaqueo es perfecto,la nueva orden nunca llega y el soldado se reintegra en la vida campesina sin perder de vista el avión, pues al poco tiempo de su aterrizaje, también forzado, empezará a pernoctar en una granja cercana y a cohabitar con su dueña.

Vida casi idílica pues el soldado-campesino, fiel a sus principios, procurará pasar inadvertido también en la maraña burocrática rural, al margen del terror y el estupor que producen los ecos de las exigencias productivas del Estado y de las intrigas, traiciones y corrupciones de los funcionarios. Las buenas acciones del soldado Chonkin no quedarán sin castigo. «Por razones perfectamente comprensibles», había escrito Trotski y cita Vázquez Rial, «la tendencia satírica... fue siempre la más viva, la más honesta y sincera, en la literatura rusa». Las razones comprensibles se resumen en una, apostilla el prologuista, ese miedo que no combaten ni el té ni el vodka.

Babelia