La prensa dice

15 ene
2007

Así renace un escritor, por Xavi Ayén

Observen la imagen que acompaña este texto. El caballero de luenga barba que les contempla es el escritor canadiense Robertson Davies y, aunque parezca emergido de un antiguo daguerrotipo, lo cierto es que pudo ver por televisión los juegos olímpicos de Barcelona en 1992 y compartir largas sobremesas con John Irving, uno de sus más entrañables amigos, hasta que le sorprendió la muerte en 1995. Sin embargo, hasta ahora -y pese a ser autor de una de las obras narrativas más consistentes del siglo XX-, era casi un desconocido entre los lectores españoles. Le acaba de sacar del ostracismo el premio Llibreter 2006, que ha hecho que su novela

El quinto en discordia (1972) -primera de la trilogía Deptford- pasara en pocas semanas de 2.000 a 10.000 ejemplares vendidos, encaramándose a las listas de best sellers y haciéndole justicia póstuma.

El quinto en discordia gravita en torno a la misteriosa muerte del magnate canadiense Boy Staunton y recorre la vida de Dunstan Ramsay, amigo de la infancia del fallecido. El libro contiene muchos temas característicos del autor, como el sentimiento de culpa en pugna con el libre albedrío, así como la fascinación por la magia, el psicoanálisis y las vidas de santos.

Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, una de las microeditoriales que está dinamizando el sector en España, ya ha publicado, además, La Mantícora, el segundo volumen de la trilogía de Deptford (así se llama el pueblecito del que proceden los protagonistas) y, en marzo, sacará a la calle su conclusión, Mundo prodigioso. «Alguien me habló de Davies -explica- y, al leer estos tres libros, mesorprendió que no estuvieran publicados en España. Hubo un tiempo en que la novela clásica pareció pasada de moda. Pero la gente, cuando lee una novela, lo que quiere es justamente eso: una novela. No hay que tener miedo a los libros de 300 páginas donde se cuenta una vida».

Algo parecido opina el escritor Valentí Puig, el único catalán que conozcamos que se hayacarteado con Robertson Davies: «Para mí, su prosa -como la de Anthony Powell- representa una elegancia moral y estética que, en un momento determinado, parecía que hubiera desaparecido de la literatura mundial. Oí hablar de él cuando vivía en Inglaterra de corresponsal.

Fui de los primeros en escribir sobre él pero, cuando fue publicado por Destino en los 90, solamente tuvo una mínima repercusión entre críticos. Ha ido a contrapelo de sucesivas modas, desde el realismo sucio norteamericano hasta el minimalismo francés. él es todo lo contrario de ambas corrientes: la complejidad moral explicada con claridad. Davies casi se sorprendía de que alguien en Barcelona, como yo, se interesara por él. Tendremos que reconocer que los editores españoles han vivido demasiado pendientes de lo que se publicaba en París, y lo que no gustaba allá no se publicaba».

El escritor Rodrigo Fresán, que va a prologar para Asteroide Los ángeles rebeldes (1982), el primer volumen de otra de las trilogías de Davies, la Cornish, define las novelas del canadiense como «thrillers de ideas o vodeviles intelectuales, en este caso con una historia donde se introducen elementos de alta cultura alrededor de un manuscrito de Rabelais perdido».

No es la única ocasión en que el premio Llibreter -concedido por el gremio de libreros catalanes- aúpa comercialmente a una obra en la que, en principio, el gran público no había reparado.

El dato confirma el alto valor que la gente concede a la labor prescriptiva del librero, pues, según los editores, otros galardones a obra publicada no suponen un aumento de ventas. No se trata de un fenómeno puntual, pues se ha repetido en las ediciones previas: El puerto de los aromas de John Lanchester (premiado en el 2005) pasó de 3.000 a 13.000 ejemplares vendidos, Mentira de Enrique de Hériz (2004) saltó de 8.000 a 20.000 (ahora ya lleva 56.000). Y, si nos remontamos al año anterior, 2003, La edad de hierro de J.M.Coetzee fue distinguida con el Llibreter, poco antes de que el sudafricano recibiera el Nobel. En 2002, el norteamericano Charles Baxter recibió el premio y su novela El festín del amor ha superado los 20.000 ejemplares.

Por su parte, Javier Cercas llevaba vendidas solamente 7.000 copias de Soldados de Salamina pero, tras el premio, saltó a 21.000 (hoy roza el millón de ejemplares).Y el húngaro Sándor Márai gozó otro triunfo póstumo con El último encuentro.

Pero la polémica sacudió al premio Llibreter cuando, el año pasado, dimitieron cinco de los siete miembros del jurado, en respuesta a unas declaraciones de la presidenta del Gremi, Imma Bellafont, en las que pedía un mejor trato futuro del premio a la literatura en catalán, lo que interpretaron como un ataque a su independencia. Los nuevos jurados tampoco han premiado a una obra en catalán, pero -como sucedió con Cercas o Lanchester- han impulsado la traducción de la novela de Robertson Davies a esta lengua, que aparecerá en marzo.

El excéntrico Davies -que a punto estuvo de obtener el premio Nobel de literatura en 1992, cuando finalmente se lo llevó el políticamente más correcto DerekWalcott- fue famoso también por sus columnas periodísticas, que escribía con el seudónimo de Samuel Marchbanks. Para él, la literatura debía ser «un espejo que muestre las mayores profundidades del espíritu de nuestro tiempo. Si el caos aparece en ese espejo, debemos tener fe de que en el futuro, como sucede siempre con el pasado, ese caos se revelará lentamente como un nuevo aspecto del orden».

La Vanguardia