La prensa dice

Artículo dedicado a Yoram Kaniuk en La Voz de Galicia

Por Héctor J. Porto

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«No estoy seguro de lo que recuerdo realmente, no confío en la memoria, es astuta y no hay en ella una única verdad. ¿Y qué es realmente lo importante? Una mentira como resultado de la búsqueda de la verdad puede ser más auténtica que la verdad. Piensas y, al cabo de un rato, recuerdas solo lo que quieres. Yo era un joven de diecisiete años y medio, un buen chico de Tel Aviv en medio de un baño de sangre [...] ¿Y qué es un recuerdo? Un recuerdo es lo que yo escribo que es un recuerdo». Así explica Yoram Kaniuk su valiente postura narrativa en las primeras páginas de 1948 (2012), la novela en la que recreó su participación en la guerra de independencia israelí como integrante del Palmaj (formación militar de élite no oficial creada durante la Administración británica de la región de Palestina) y que recibió duros ataques por cuestionar la forma en que se fundó el Estado de Israel. Su visión crítica —apoyada en un afilado humorismo sin concesiones— está construida desde el escepticismo y la defensa a ultranza de la separación entre religión y política. Es por ello que su obra encuentra tanto eco entre las generaciones jóvenes como reprobación entre los viejos sionistas, que entienden que Kaniuk frivolizaba su causa histórica. Sin embargo, él simplemente trataba de analizar las cosas que se habían hecho mal, el horror y el sinsentido de la guerra, para que eso sirviese para enderezar el futuro del país, aunque es cierto que los años lo enrocaron en una resignación y un desencanto irreductibles. Él, que había ayudado entonces a traer por mar a Israel a los supervivientes del Holocausto, llegó incluso a solicitar ser declarado no judío. Kaniuk únicamente quiere prevenir contra quienes se empeñan en presentar a aquel ejército improvisado como algo hermoso, heroico, romántico. Eran unos idiotas inconscientes, dice, como solo lo son los que consideran atractiva la posibilidad de morir a los 18 años luchando por algo que ignoran. «¿Cómo íbamos nosotros a fundar un Estado?», clama.

Kaniuk, como descendiente de burgueses y amante del jazz tras vivir en Estados Unidos, es un abogado de la libertad y el individuo que casa poco con el espíritu colectivo y sectario del kibutz, la épica nacionalista y los fanatismos religiosos. De hecho, siempre encajó mal que Israel tuviese que imponerse por la fuerza de las armas, el odio y la ocupación en una tierra en la que los vecinos te ven como enemigo. Y pese a su desesperanza, el sueño de la paz y el diálogo con los palestinos no dejó de frecuentar sus noches. Libros del Asteroide también editó, en el 2007, El hombre perro (1968), bella novela sobre el Holocausto que adaptó al cine recientemente el estadounidense Paul Schrader: Adam resucitado. El escritor israelí Yoram Kaniuk murió víctima de un cáncer el pasado día 8 de junio.

La Voz de Galicia