La prensa dice

1 abr
2008

American most wanted: Joyce Johnson, por Phillip Engel

«Mis ganas de estar con él siempre se imponían a mis ganas de estar frente a la máquina de escribir»,Joyce Johnson.

A principios de los años 50, en Estados Unidos, una chica sólo se separaba de sus padres para estudiar en en college o para casarse directamente con el mejor partido. De lo contrario, era una perdida y posiblemente,según murmuraban los vecinos, estaba embarazada y dispuesta a solucionar el problema con un siniestro aborto clandestino.

Así las cosas, Joyce Glassman (todavía no llevaba el apellido de su primer marido) empezó a tener excéntricas ganas de salir por la noche, dormir fuera de casa, ver mundo: un mundo subterráneo poblado de poetas, músicos y tugurios cargados de humo, jazz, alcohol y acaso drogas. Nueva York, el Greenwich Village. Rebelde prematura, la pequeña Joyce prefirió saltarse las reglas de una vida decente, aún a riesgo de malvivir en un cuartucho con un sueldo de mecanógrafa. También quería ser escritora, pero no terminó nunca de serlo hasta que Jack Kerouac hubo doblado la esquina. Años más tarde, volvió a toparse con él... en un anuncio de GAP (¿Great American People?), pero ella había desaparecido de la foto por gentileza de Photoshop. En su lugar aparecía la sentencia «Kerouac whore kakis». Se sintió extraña, «por estar viva y ser el fantasma de una leyenda».

Joyce estaba con Jack cuando, literalmente de la noche a la mañana, se convirtió en una celebridad gracias a la publicación de «En el camino». Ginsberg fue el culpable de que se conocieran y ella continúa afirmando que Kerouac ha sido la persona más extraordinaria que ha pasado por su vida. Mr. Post -Washington Post, nada menos- asegura que la nueva golosina del Asteroide es «el mejor libro que se ha escrito sobre la generación beat», pero «Personajes secundarios» (originalmente publicado en 1983) no es ese enésimo anecdotario que algunos nos temíamos. Se trata de la obra personal de una escritora madura que echa la vista atrás para rememorar, con elegancia y discreción, cómo le fue en aquellos años de juventud deslumbrada por las luces de neón. «Personajes secundarios» es, pues, un magnífico libro de memorias en el que la autora advierte de entrada que, para contar su historia con Jack Kerouac, primero deberá contar su propia vida. Y se agradece inmensamente.

Endiosados por los medios y por las chicas que se enamoraron de ellos, los beats eran una banda de colgados, drogadictos y maricas, evidentemente misóginos, para los que la mujer revestía la silueta del aguafiestas. En la cubierta de «Personajes secundarios», que podría haber sido una portada de los Smiths, aparece una chica rubia, regordeta y difuminada a unos pasos detrás de Kerouac. Conforme pasamos las páginas, sus rasgos y su expresión adquieren mayor nitidez.

Sin ser el propósito de la autora, Kerouac mengua en cambio hasta convertirse en un mocoso asustado pegado a las faldas de su madre. Y lo que prevalece no es la grotesca muerte de Joan Vollmer en México, el apaño matrimonial a tres bandas de los Cassady o el retiro espiritual en la montaña de Kerouac. Se queda la emoción de aquellas adolescentes que escuchaban a Lady Day y se escapaban al Village para tratar de hacerse amigas de folkies que tocan la guitarra. De sus suspiros por los profesores bohemios, de sus lágrimas al irse con los bártulos de casa. Del padre que viene a buscarla cuando se pone muy enferma y no tiene a nadie que la cuide. De un tiempo de conquista para chicas que siguen y seguirán embobadas con los chicos malos. Por momentos, «Personajes secundarios» es tan hermoso y tan inocente como una canción de las Shangri-Las -«I can’t never go home anymore» o «Past, present, and future»-. Y cuando cerramos el libro tenemos bastante más claro quienes fueron esos «personajes secundarios». Joyce Johnson desde luego que no; ella es la heroína de esta historia. Mal que le pese, es una preciosa revancha. Chapeau.

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