La prensa dice

1 abr
2009

Adiós, Shanghai, por Tomás Ruibal

A finales de los años treinta la ciudad de Shanghai se encontraba bajo ocupación japonesa y en ella convivían hoteles de lujo y bancos que se ocupaban de los intereses de la colonia occidental con una ciudad portuaria llena de pobreza, prostíbulos y fumaderos de opio. En uno de esos barrios, Hongkou, encuentran un inestable refugio un grupo de personajes, todos ellos fugitivos de la barbarie nazi: Elizabeth y Teodor Weissberg, músicos de fama mundial, el rabino Leo Levin y su mujer Ester, el carterista Schlomo Finkelstein, Hilde Braun, una actriz que vive en París, ciudad en la que conoce a Vladek, periodista y espía de identidad variable con el que volverá a cruzarse en Shangai, todos o la mayoría judíos que intentan sobrevivir en ese ambiente hostil. La acción de «Adiós, Shangai» comienza a finales de 1938 y termina con el final de la guerra y en ella Angel Wagenstein, autor búlgaro tardío al que uno leyó por primera vez también en Libros del Asteroide ( «El Pentateuco de Isaac») cuenta una historia de refugiados y espías que muchos lectores tal vez identifiquen inconscientemente con tantas y tantas películas que se han ocupado de este momento histórico.

Y ciertamente la novela es una historia de amor ambientada en un paisaje cosmopolita en el que encontramos ciudadanos asiáticos y europeos, un medido contraste entre los ambientes lujosos en los que se mueve la abundante colonia europea, formada principalmente por personal diplomático y hombres de negocios, los miserables barrios en los que malviven los naturales de la ciudad y los ambiguos escenarios por los que se forjan las relaciones entre todos ellos, los ocupantes japoneses y una permanente alteración de las relaciones de fuerza internacionales a medida que va desarrollándose la guerra, pero el mayor mérito de la obra consiste en dos aspectos: la utilización de esos elementos propios de la novela y el cine de intriga y del relato histórico sobre un episodio y un lugar poco conocidos de la época para contar el destino de tantos hombres y mujeres que eligieron el camino de la dignidad frente a la barbarie. Ese grupo de personas que ven como sus vidas cambian radicalmente tras la llegada de los nazis al poder le sirven a Wagenstein para hacer un emocionante canto a la dignidad y a la capacidad del ser humano para enfrentarse a situaciones extremas sin perder el sentido del humor y la defensa de sus ideas. No es extraño, por tanto, que se haya considerado a «Adiós, Shangai» una de las grandes obras de la literatura antifascista, porque siendo literatura, esto es ficción, y ficción en la que el autor demuestra soltura y oficio, es también un homenaje a todos los que se convirtieron en víctimas, y que aceptaron el sacrificio de una situación personal y profesional cómoda sin perder la sonrisa. Novela, como decía, emocionante y a la vez amarga, que no deja indiferente y que forma parte de un ciclo de novelas sobre el destino de los judíos cuya conclusión será «Lejos de Toledo».

Diario de Pontevedra